📻 Los juegos de la España de los años 60
En la España de los años sesenta, la mayoría de los niños pasaban la tarde jugando en la calle, en la plaza del pueblo o en el descampado del barrio. Los juguetes eran pocos y muchos se fabricaban en casa, pero la imaginación sobraba. Mientras tanto, los mayores llenaban los bares de partidas de cartas y dominó, y el domingo por la tarde se escuchaban en la radio los resultados de la quiniela.

🏃 La calle como patio
Con poco tráfico en muchas calles, los niños jugaban al escondite, al pañuelo, a la rayuela, que muchos llamaban «el truque» o «la charranca», y a la comba, acompañada de canciones que se pasaban de unas niñas a otras.
Los chicos más atrevidos jugaban a churro, media manga, mangotero y a la pídola, juegos de saltar sobre la espalda de los compañeros que acababan muchas veces con alguna rodilla pelada. La gallina ciega era el juego de las fiestas y los cumpleaños.
🔵 Tesoros de bolsillo
Las canicas eran casi una moneda: se ganaban, se perdían, se cambiaban y se guardaban en bolsas de tela. Las de cristal con dibujos de colores dentro eran las más valiosas. Las chapas de botella se convertían en ciclistas o futbolistas con un recorte de papel y un poco de plastilina, y se organizaban vueltas ciclistas enteras en la acera.
La peonza de madera, con su punta de metal y su cuerda, tenía sus temporadas, igual que las canicas y los cromos. Los más hábiles la hacían bailar en la palma de la mano.
🏠 En casa y en familia
En casa se jugaba al parchís y a la oca, que venían muchas veces en el mismo tablero, uno por cada cara. En las tardes de invierno se sacaba la baraja para jugar a la brisca, al cinquillo o al siete y medio, y en Navidad al julepe con garbanzos.
La televisión acababa de llegar a muchas casas y empezaba a cambiar las costumbres, pero todavía era habitual que la familia se reuniera alrededor de la mesa camilla con un juego de mesa o una baraja.
🍺 Los juegos de los mayores
En los bares y casinos, los mayores jugaban al mus, al tute, al dominó y al chinchón, con discusiones que se oían desde la calle. El futbolín, inventado en España por Alejandro Finisterre, se extendía por los bares y los salones recreativos.
Y cada fin de semana, millones de personas rellenaban la quiniela con la ilusión de acertar los catorce resultados y cambiar de vida. Escuchar los resultados en la radio con el boleto en la mano era un ritual de los domingos.












